El riesgo de incendio en vehículos eléctricos
Las baterías de iones de litio, fundamentales para el funcionamiento de los vehículos eléctricos, se han convertido en un foco de preocupación, ya que su combustión genera incendios y explosiones muy difíciles de contener.
El 3 de junio pasado, el buque carguero Morning Midas, que transportaba más de 3.000 vehículos desde China con destino a México, sufrió un incendio a bordo frente a la costa de Alaska, a unos 483 kilómetros al suroeste de la isla Adak. El incendio comenzó en la cubierta donde se almacenaban vehículos eléctricos y híbridos, lo que hace suponer que alguno de ellos fue el origen, aunque ello no se pudo establecer fehacientemente. La tripulación de solo veintidós personas no pudo controlar las llamas con los sistemas a bordo y, lamentablemente, el incidente ocurrió a mil millas del puerto principal más cercano, por lo que la ayuda tardó una semana en llegar. La tripulación evacuó el barco de forma segura en balsas salvavidas y fue rescatada sin heridos por un buque mercante cercano (el Cosco Hellas), y posteriormente asistida por la Guardia Costera de Estados Unidos. La embarcación quedó a la deriva y finalmente se hundió el 23 de junio de 2025 en aguas profundas del Pacífico Nort
A raíz del incendio, la empresa propietaria del barco (Matson) tomó la decisión de suspender de inmediato el transporte de vehículos eléctricos nuevos y usados, así como híbridos enchufables, expresando una creciente preocupación por la seguridad en el transporte de vehículos con grandes baterías de iones de litio.
Estos casos no son frecuentes, pero, cuando ocurren, son serios. Un antecedente próximo (febrero de 2022) es el hundimiento del buque de carga Felicity Ace, que se incendió al sur de las islas Azores mientras transportaba aproximadamente 4,000 vehículos de lujo, entre ellos marcas como Porsche, Audi, Lamborghini, Bentley y Volkswagen. Se cree que el origen del fuego fue una batería de uno de estos vehículos, específicamente un Porsche Taycan eléctrico con baterías de alta tensión (800 voltios). Después del incendio, el barco volcó y se hundió en el Atlántico. La tripulación fue evacuada sin daños, pero la carga, valorada en alrededor de 438 millones de dólares, se perdió completamente.
Por qué los vehículos eléctricos son un riesgo único
Todos los años se registran miles de incendios de vehículos con motores térmicos (tradicionales), y los incendios de vehículos eléctricos (VE) representan menos del 0,5% de estos casos. Esta proporción es coherente con la menor presencia de VE en el parque automotor y muestra que, proporcionalmente, la frecuencia de incendio de los vehículos eléctricos es similar a los de vehículos convencionales.
Los VE suponen, sin embargo, un desafío sin precedentes por la clase de incendio que provocan, que es muy distinta a las que ha combatido el ser humano a lo largo de su historia. A diferencia de la gasolina o cualquier combustible tradicional, que necesita oxígeno para seguir ardiendo, las baterías de los vehículos eléctricos son auto oxidantes, lo que significa que contienen su propio agente oxidante y el fuego que provocan no depende del oxígeno del aire para mantenerse. Las baterías de litio son cápsulas de energía y cuando sufren lo que se conoce como "fuga térmica" desencadenan un proceso calorífico que es casi imposible de detener.
No es un problema solo del transporte por mar
Hay varios casos y situaciones vinculadas a incendios de vehículos eléctricos que no ocurrieron durante el transporte marítimo en alta mar, sino en tierra firme o en puertos, lo que muestra la amplitud de los desafíos que plantean estos incidentes. Por ejemplo, los bomberos han tenido que enfrentar incendios de vehículos eléctricos en carreteras o autopistas o en garajes inundados (por ejemplo, durante huracanes).
Uno de los casos ejemplifica que las baterías de litio pueden incluso seguir ardiendo bajo el agua. El 1 de octubre de 2023, en Hollywood (Florida), una conductora situó su vehículo Tesla Model X en una rampa al borde del agua para intentar remolcar y poner a flote unas motos acuáticas. Durante esa maniobra, el coche perdió tracción y empezó a sumergirse. Ya bajo el agua, el Tesla comenzó a arder. Los bomberos de Hollywood optaron por mantener el vehículo sumergido para evitar daños mayores y dejar que la batería se enfriara lentamente. La batería de iones de litio generó gases inflamables y la combustión continuó durante horas bajo el agua. Posteriormente, el Tesla fue cargado con cuidado en un vehículo especial y vigilado durante días, ya que estos focos de fuego pueden reactivarse incluso después de haber sido aparentemente apagados.
En otro suceso, ocurrido a finales de 2024 en el puerto de Miami, dentro de un contenedor se encontraba un vehículo eléctrico que sufrió un proceso de desgasificación, lo que significa que liberó gases inflamables que se acumularon en el espacio cerrado del contenedor hasta que estallaron.
La industria automotriz ha experimentado retiradas masivas de vehículos debido a riesgos de incendio en las baterías, con costos que superan los miles de millones de dólares. General Motors, Ford, Hyundai y Tesla han tenido que actualizar sus vehículos para mitigar estos riesgos. Tesla, por ejemplo, está cambiando algunos modelos a baterías de fosfato de hierro y litio (LFP), que presentan menor riesgo de fuga térmica aunque no son infalibles.
Más allá de los desafíos técnicos, existe una brecha en la formación y recursos para los bomberos, quienes enfrentan una curva de aprendizaje para manejar fuegos de VE con seguridad y eficacia. No todos los fabricantes proporcionan guías actualizadas y accesibles, dificultando la preparación de los equipos de emergencia. Por otra parte, la falta de información fiable sobre el estado previo del vehículo complica las labores de inspección y logística. Los vehículos usados o dañados no siempre tienen un historial transparente sobre daños en batería o estructura, lo que aumenta el riesgo al ser transportados sin tomar medidas especiales. La exposición de las baterías a daños mecánicos o térmicos previos puede aumentar la probabilidad de fuga térmica y generación de gases inflamables durante el transporte.
Las medidas que normalmente se recomiendan son de eficacia relativa
El sistema más frecuente de extinción de incendios por CO2 en los buques funciona liberando dióxido de carbono para inertizar la atmósfera dentro de un espacio cerrado, como las cubiertas o compartimentos donde se detecta un incendio. Este gas desplaza el oxígeno que el fuego necesita para mantenerse, reduciéndolo a un nivel insuficiente para la combustión, lo que permite normalmente extinguir las llamas o al menos contener el fuego. Como se ha dicho, este sistema no funciona para los incendios de los vehículos eléctricos (o baterías de litio), debido a que estos no requieren de oxígeno.
La industria marítima está adoptando varias medidas para enfrentar los riesgos asociados con el transporte de vehículos eléctricos (VE) y sus baterías de ion-litio, que incluyen la implementación de nuevos protocolos de seguridad, diseño de sistemas especiales para extinguir incendios provocados por baterías de ion-litio, clasificación de vehículos eléctricos como mercancías peligrosas y la emisión de recomendaciones para el transporte seguro de VE.
Dentro de las medidas que se están evaluando, está la de recubrir los vehículos transportados con mantas ignífugas, con el fin de que, en caso de una fuga térmica, el incendio quede contenido y no se propague a otros vehículos; sin embargo, el uso de estas mantas no está exento de problemas. Una de las principales preocupaciones es que, al cubrir los vehículos, las mantas pueden atrapar gases inflamables bajo ellas, lo que aumenta el riesgo de una explosión. Por lo demás, para el transporte es significativo el peso adicional que suman las mantas y la manipulación durante el envío puede dañar los vehículos.
En el mercado existen espumas extintoras diseñadas para apagar incendios en general, como los de materiales sólidos o líquidos inflamables, que pueden ser efectivas en algunos fuegos vehiculares convencionales. Cuando se trata de incendios en vehículos eléctricos, que involucran baterías de iones de litio, las espumas extintoras tradicionales no son efectivas para apagarlos, porque no penetran en la batería ni enfrían lo suficiente para detener la reacción química interna. Además, algunos tipos de espuma, al contener agua, pueden ser conductores eléctricos, lo que eleva el riesgo en incendios eléctricos.
Para estos casos, se han desarrollado agentes extintores especiales que contienen aditivos diseñados para penetrar y encapsular los gases inflamables de las baterías de litio, además de enfriar la batería para evitar reencendidos. Estos agentes encapsulan las moléculas inflamables y reducen progresivamente la temperatura, logrando un control más efectivo del fuego y disminuyendo el riesgo de reactivación. Los agentes extintores especiales son efectivos, pero no siempre logran extinguir el fuego de forma rápida debido a la reacción interna en las celdas. Además, muchos de estos agentes dejan residuos después de su uso, lo que puede requerir limpieza especializada y mantenimiento posterior. Algunos sistemas, especialmente los basados en agentes químicos secos, necesitan revisión y recarga periódica para garantizar su funcionamiento óptimo.
Otra limitación importante es que la detección temprana del incendio es crucial para que estos agentes funcionen bien. En ocasiones, los sistemas automáticos basados en calor o detección de gases y humo pueden tardar en activarse si la temperatura no alcanza el umbral esperado o si las señales no son claras, lo que puede permitir que el incendio avance peligrosamente.
Actualmente no todos los barcos cuentan con estos agentes especializados para baterías de litio. La mayoría de los sistemas a bordo todavía emplean métodos tradicionales como el dióxido de carbono (CO2). Sin embargo, dada la creciente presencia de vehículos eléctricos en el transporte marítimo, la industria está comenzando a evaluar y en algunos casos implementar estos sistemas especiales, aunque su adopción no es aún generalizada por razones de costo, logística y necesidad de capacitación.
Cuando la tripulación del buque intenta combatir el fuego manualmente con mangueras, la situación se vuelve aún más difícil. Aunque reciben entrenamiento básico en extinción de incendios, los tripulantes no son bomberos especializados en vehículos eléctricos. En un carguero, donde los vehículos están apretados, parachoques con parachoques, sin espacio para maniobrar, el acceso a un vehículo en llamas es extremadamente peligroso e inviable. La rápida acumulación de humo y gases tóxicos reduce la visibilidad a casi cero y crea una atmósfera explosiva.
Una idea que suele mencionarse es expulsar el vehículo en llamas por la borda para aislar el fuego, pero en la práctica es casi imposible. La estiba compacta hace inviable siquiera acceder al vehículo afectado, mucho menos moverlo para arrojarlo fuera del barco.
Entre las medidas que sí pueden ayudar o forman parte de la estrategia actual está la acción preventiva temprana por parte de la tripulación. Como los incendios en vehículos eléctricos liberan energía y se propagan con rapidez, detectar y actuar pronto es fundamental. Otra táctica estándar en los barcos es sellar las cubiertas por zonas, cortando la ventilación y luego llenar el espacio con dióxido de carbono. Aunque esto no apaga el incendio de la batería, sí ayuda a contener el fuego y evita que se propague a otros vehículos y materiales, mitigando el efecto dominó. No obstante, la batería seguirá liberando calor durante el proceso.
Se ha planteado la posibilidad de que establecer una separación significativa entre los vehículos eléctricos, de al menos seis metros o más, podría reducir considerablemente el riesgo de que un incendio se propague rápidamente de un automóvil a otro. Aplicar esta medida en la práctica resulta poco factible por motivos económicos y logísticos. La industria marítima y de transporte buscan optimizar al máximo la capacidad de carga, ya que cada metro cuadrado disponible en los buques representa costos y beneficios importantes. Por eso, embarcar los vehículos con espacios tan amplios entre ellos reduciría drásticamente la cantidad de unidades transportadas en cada viaje, elevando los costos operativos y afectando la competitividad del servicio. Como resultado, es común que en los buques Ro-Ro los vehículos estén estibados muy próximos, casi uno junto al otro, para aprovechar al máximo el espacio disponible, aunque esto aumente el riesgo de que un incendio se extienda con rapidez.
Cuando el incendio ocurre en puerto, la situación cambia. Allí se puede contar con recursos externos, como remolcadores que rocían agua para enfriar el casco externo y reducir la transferencia de calor hacia las cubiertas. También es factible inyectar nitrógeno además de CO2 para mantener una atmósfera fría e inerte, lo que permite que los bomberos profesionales entren y controlen mejor el incendio. Finalmente, tras el incidente, los vehículos eléctricos dañados que se retiran del barco suelen colocarse en tanques de agua para que las baterías puedan quemarse de forma controlada, asegurando que no representen un peligro continuo.
Por estas razones, la industria logística y los servicios de emergencias portuarios están revisando sus protocolos para manejar mejor estos riesgos. Se busca mejorar la inspección previa de vehículos eléctricos, el monitoreo de gases en contenedores y la capacitación en técnicas específicas para controlar incendios y explosiones causadas por baterías de litio. El evento del Morning Midas subraya la necesidad urgente de normativas y procedimientos más estrictos en la cadena de transporte marítimo y terrestre de vehículos eléctricos.