Aranceles de Estados Unidos: perspectivas y riesgos

Autor: Juan Manuel Camargo González

Fecha de publicación: 04/08/2025

Tema: Comercio Exterior

Aranceles de Estados Unidos: perspectivas y riesgos

La imposición unilateral de aranceles por parte de Estados Unidos ha sido el hecho económico más importante del año. Ha sido también un ejercicio de negociación multilateral entre la gran potencia y el resto del mundo, en el que Washington ha hecho valer su posición preeminente.

Como se esperaba, el 31 de julio la Casa Blanca expidió una nueva Orden Ejecutiva, que ajustó la tasa arancelaria a las importaciones provenientes del resto del mundo, efectiva desde el 7 de agosto de 2025. Esos aranceles (calificados como “recíprocos”), habían sido ya establecidos en su previa Orden Ejecutiva 14257 de abril 2 de 2025, con una tasa adicional general de 10% y tasas más altas para países específicos.

La nueva Orden es el resultado de varios meses de anuncios, negociaciones, amenazas y retractaciones. Sin embargo, no es necesariamente "final y definitiva" debido a que todavía se adelantan conversaciones con varios países (China, México, Corea del Sur, otros) y están en curso disputas legales sobre la autoridad del presidente de Estados Unidos, lo que puede involucrar resoluciones judiciales que modifiquen, suspendan o validen total o parcialmente la orden.

El mismo día o en días anteriores, el presidente Trump firmó además otras órdenes ejecutivas que utilizan los aranceles a modo de sanción por asuntos que, se afirma, comprometen la seguridad nacional de los Estados Unidos: (i) una dirigida a Canadá, por el flujo de drogas ilícitas por la frontera norte; (ii) otra, enfrentando supuestas amenazas del gobierno de Brasil; (iii) una tercera, que establece un arancel del 50% sobre productos de cobre semielaborados y productos derivados intensivos de cobre y(iv) una que suspende la exención de derechos a los envíos de menor valor (“de minimis”).  

 

A evaluar: el riesgo a la economía de Estados Unidos

Hay muchos que predicen (incluso desean) que los aranceles descarrilarán la economía de Estados Unidos. No ha sucedido, aunque no es de descartar. La primera ronda de aranceles (abril 2 de 2025) ocasionó una importación masiva de bienes por parte de empresas que buscaron acumular inventarios, lo que provocó una caída temporal del producto interno bruto del país en el primer trimestre. Este efecto desapareció en el segundo trimestre, en el que el PIB volvió a un saludable crecimiento del 2,9%.

La inflación subyacente se ubica alrededor del 2% —una ligera alza, desde 1,9% en el mes anterior— y el índice de la miseria (inflación más desempleo) permanece por debajo del promedio histórico.

Las nubes en el horizonte parecen provenir por el lado del empleo. En julio de 2025, la economía generó 73,000 puestos de trabajo, cifra muy por debajo de lo esperado por los analistas. Lo que es peor, el Departamento de Trabajo revisó a la baja los datos de empleo de los meses previos, reduciendo las cifras previamente anunciadas en 258.000 puestos de trabajo, lo que reveló que el mercado laboral está considerablemente más débil de lo que se había informado inicialmente. Al sumar los últimos tres meses y considerando las revisiones, el promedio mensual de crecimiento de empleo es de apenas 35.000 puestos, el ritmo más lento desde la pandemia en 2020.

El informe fue tan preocupante que la reacción inmediata del presidente Trump fue la destitución inmediata de Erika L. McEntarfer, comisionada de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), a la que acusó (sin mostrar evidencias) de amañar las estadísticas para beneficiar hacerlo quedar mal a él y a los republicanos. Sin embargo, analistas como Yardeni Research encuentran notas positivas en el reporte, como por ejemplo que implica un aumento de la productividad, el número de empleados está en una cifra récord de 160 millones en julio y el número de horas promedio por cada trabajador también creció hasta un nuevo récord.

En un escenario de desempleo en aumento e inflación aparentemente controlada, la decisión natural por parte de la FED sería la reducción de la tasa de interés, y de hecho la estimación de las probabilidades de que ello ocurra en la próxima reunión del septiembre está ahora por los lados del 90%. No obstante, el presidente de la FED está preocupado de que los aranceles tengan un fuerte efecto inflacionarios, lo que lo ha hecho partidario de esperar y lo ha enfrentado al presidente Trump.

 

¿Pueden los aranceles aliviar el déficit?

El déficit nacional de Estados Unidos es de USD $1.337 billones (es decir, USD $1,3 millones de millones, lo que los estadounidenses llaman USD 1,3 trillones). Las primeras iniciativas del gobierno Trump para reducir el gasto público (lideradas fallidamente por Elon Musk) no dieron ningún resultado sensible, a lo cual se agrega que la administración Trump impulsó una reforma tributaria que bajará los ingresos fiscales.

En ese contexto, no es de despreciar el aumento en los ingresos del Estado por el recaudo de los aranceles a las nuevas tarifas. Según datos de Yardeni Research, en los últimos tres meses (abril, mayo y junio de 2025), Estados Unidos ha recaudado por aranceles USD 88.000 millones, cifra que, si se anualiza, implicaría una recaudación esperada de más de USD 300.000 millones para este año, tomando como base una tasa arancelaria promedio de 10%. Evercore ISI ha pronosticado que las tarifas arancelarias en Estados Unidos alcanzarán en promedio un 18%, lo que sería el nivel más alto desde 1933, con un aumento proporcional en el recaudo.

 

¿Cuál es la situación de Colombia?

En la Orden Ejecutiva de abril 2, Estados Unidos no gravó las importaciones de Colombia con una tasa especial o específica, por lo que quedaron gravadas a la tasa general del 10%, que era adicional a cualquier otro arancel, tarifa, impuesto o cargo aplicable. Esa palabra (“adicional”) no mereció la atención debida en esa oportunidad, y era importante, porque indicaba que las tasas de abril no reemplazaban a las ya existentes sino que se sumaban a ellas.

Cuando fue expedida la nueva Orden Ejecutiva (31 de julio), Colombia siguió cobijada por la tarifa general. La nueva orden simplemente repitió la redacción de la primera orden (se subraya fuera de cita):

“(d) Goods of any foreign trading partner that is not listed in Annex I to this order will be subject to an additional ad valorem rate of duty of 10 percent pursuant to the terms of Executive Order 14257, as amended, unless otherwise expressly provided…”

Algunos analistas y comentaristas se fijaron por primera vez en la palabra “adicional” y consideraron inicialmente que el arancel para Colombia había subido del 10% al 20%. Luego se comprendió que el arancel de Trump siempre había sido adicional, así que no cambió nada para Colombia.

Igualmente, se mantienen las excepciones previstas en la Orden Ejecutiva de abril para varias subpartidas del capítulo 27 del arancel, relacionadas con el petróleo, aceites minerales bituminosos, carbón, lignito, turba y coque, que seguirán pagando solo la tasa general, si es que hay una (no se le adicional el 10%).

Considerando las excepciones y la composición de las importaciones, cálculos del Tax Policy Center indican que, en promedio, la tasa arancelaria aplicable para Colombia será de un 10,7%. 

 

¿Qué pasará de aquí en adelante?

Entre abril y agosto, las empresas de Estados Unidos anticiparon los pedidos para acumular inventarios y no tener que subir los precios al consumidor. El verdadero impacto de los aranceles en los precios se empezará a sentir desde agosto.

Hay que tener en cuenta que la dependencia de China de las empresas norteamericanas es un hecho difícil de remediar. Con la pandemia del COVID-19, muchas compañías anunciaron planes de reestructurar y diversificar sus cadenas de suministro y muy pocas obtuvieron logros relevantes en ese sentido. Ahora, una posibilidad es que las empresas dividan sus fuentes de abastecimiento: la capacidad de fabricación en China se utilizará para atender pedidos fuera de Estados Unidos y se buscarán otros países (¿India?, ¿Vietnam?) para que fabriquen con destino a la nación del norte.

Lo que sí parece claro es que no se espera que las fábricas retornen en masa en Estados Unidos, porque en este país los costos de producción y de mano de obra son más caros. Por otra parte, no es una buena idea construir una fábrica en Estados Unidos solo porque hay una barrera arancelaria. ¿Qué tal que el gobierno de Estados Unidos llegue a un acuerdo con China y baje los aranceles? Cualquier industrial preferirá abstenerse de tomar decisiones costosas a largo plazo, dada la volatilidad con la que se ha manejado la política arancelaria.

¿Es forzoso que los aranceles suban la inflación? Los optimistas opinan que no, porque consumidores y gerentes pueden buscar alternativas, productos sucedáneos o renunciar a la compra, ya que, por lo general, los aranceles no afectan la importación de bienes esenciales, petróleo o salud. Aunque esto sea cierto, no significa que no haya daño a la economía. Considérese, por ejemplo, el caso de las importaciones de Suiza, cuyo arancel en julio 31 fue establecido en un 39% (frente a 31% anunciado en abril). Suiza produce bienes de lujo muy apetecidos que se distinguen por su gentilicio, como los relojes suizos, el chocolate suizo y el queso suizo. ¿Alguien puede vivir sin esos bienes? Por supuesto. Pero ¿qué pasa con los innumerables almacenes dentro de Estados Unidos que comercian con ellos? Tendrán que sacarlos de sus inventarios, incluso cerrar, con la consiguiente pérdida de empleo y de impuestos.

Otra baja colateral es el turismo. Se proyecta que el gasto general de visitantes internacionales en los Estados Unidos caerá en aproximadamente un -22,5% en comparación con los niveles de 2024. Se espera que el número de llegadas internacionales disminuya en aproximadamente -9%. Los visitantes de Canadá disminuirán alrededor del -20% para 2025 y se espera que los visitantes de Europa occidental disminuyan en aproximadamente entre un -12% y un -17%. Por si fuera poco, los visitantes aéreos de México cayeron un 23% en marzo. En gran parte, este impacto se debe a las políticas anti migratorias del gobierno Trump, pero los aranceles han impulsado boicots en contra de los productos norteamericanos y una sensación generalizada de rechazo.

“Last but not least”, pende sobre los aranceles el riesgo de que los tribunales dictaminen que son ilegales, dando la razón a los demandantes que alegan que el presidente Trump no tenía suficiente autoridad para elevarlos de manera generalizada e indiscriminada. De ser así, en primer lugar, no solo se perdería el recaudo sino que muchos importadores solicitarán al Tesoro de Estados Unidos la devolución de los aranceles que pagaron. Es previsible que, en ese caso, el presidente Trump buscará que el congreso le dé poderes para restablecerlos, lo que tomará su tiempo y de todos modos será distinto, porque seguramente la ley introducirá reglas que harán más predecible y estable la política arancelaria.

En últimas, el futuro de los aranceles dependerá en gran medida del estado de la economía de Estados Unidos. Si el desempleo o la inflación suben (o ambos), es probable que el gobierno Trump los desmonte, al menos para ciertos países, calladamente y sin bombo. Si el daño es irreparable, lo más probable es que lo niegue o culpe a la FED. Y, si la economía de Estados Unidos no se resiente significativamente, no solo aumentarán las posibilidades de que el presidente Trump gane el premio Nobel de economía sino que hará que muchos otros países (particularmente, Europa) se pregunten si no valdrá la pena hacer lo mismo para incentivar su producción doméstica.

Lo que nos lleva a indicar que, en nuestro concepto, el sistema de reglas multilaterales de comercio que mantiene la OMC no ha sufrido un daño irreparable. Si hay una guerra comercial, es solo de Estados Unidos en contra del resto del mundo. Por ahora, no parece que la mayoría de los países quiera adoptar políticas proteccionistas y la mayoría ni siquiera pretende tomar medidas de retaliación contra el país del norte. Lo más probable es que el resto de países se mantenga dentro de las reglas y políticas del libre comercio, y más bien el desafío de aquí en adelante será comprobar si sus economías crecen más que la de Estados Unidos. En otras palabras, estamos ante un experimento monumental para decidir si el libre comercio es superior al proteccionismo.

 

ASONAV ha elaborado un reporte completo sobre las nuevas medidas arancelarias, disponible aquí (el vínculo solo será visible para los asociados).

 

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